Repasando lo ocurrido semanas atrás, recordé una charla con
amigos, donde en un momento se hablo de la venganza. Algunos comenzaron a
plantear las malas situaciones que les hizo pensar en vengarse. Dicho acto fue
cometido, pero no por todos.
No di una opinión fija, ya que me encontraba pensando mi
caso, recordando situaciones propias. Pensaba sobre si habrá gente que lo merece,
cuáles serían los casos para vengarse y las consecuencias que tendría.
Después la charla se desvió a otros temas y todo siguió como
siempre. Tras caminar a casa, volvería a pensar sobre la venganza. Nunca lo
hice, aunque no niego los deseos que tuve a veces. Me comunicaría luego con alguien,
sabiendo que, aunque tuviéramos nuestras diferencias, me daría su franqueza.
Pregunto la razón y me explique, lo más resumido posible. Respondió
que nunca se vengó tampoco y que uno tendrá ganas, pero al final es eso, sólo
deseo. Esto me hizo ver que yo no estaba errado con mis ideas, agradecí su
respuesta y seguí en mis actividades.
Más tarde, sin dormir como últimamente, llegarías cosas y
recuerdos molestos, siendo algunas de estas las razones por las que no duermo a
veces. Me enojaría y pensaría sobre lo que podría realizar, si de verdad
buscara vengarme. Pero al final, esto solamente hizo darme mayor cuenta. La
mala intención, ingratitud e indiferencia no llevan por buen camino. Y la
venganza por ello o ejerciendo lo mismo, es un punto de no retorno.
La venganza es el acto de hacerle un mal permanente a alguien,
quien nos realizó mal a nosotros. Dependiendo de las personas, la venganza puede
incluso provocar males mayores que los recibidos. Pero no se debe confundir con
la justicia, quien se encarga de poner realmente las cosas en su lugar. La justicia,
como las religiones, no es relativa como suele pensarse, sino que se va
adecuando en virtud de promover el orden. El problema es cuando se deja en
malas manos, pero eso ya no es culpa de la justicia, sino de las personas
mismas hacia otras.
La venganza no es tema sencillo al cual llevar a la ligera,
o dar veredicto definitivo. Pero lo que sí es seguro, es que debemos ser consientes
de lo que ésta traerá consigo, al decidir efectuarla.
Con el tiempo, uno cambia o recobra algunos pensamientos,
pero intentaré mantener firme mi idea de no cometer venganza, como ha sido
hasta ahora.
Sean bienvenidos, como siempre. Saludos, y hasta pronto.
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