lunes, 20 de julio de 2015

Bucle

Y llegó el día en el que me cansé de esperar, las manecillas avanzaban, pero mi reloj interno, al contrario, estaba parado. Todo cambiaba a mi alrededor y yo seguía como años atrás, ahí sentada, esperando algo que cambiase mi mundo, que asesinase esa monotonía que me estaba corrompiendo, que liberase mi llama interior y esas ganas de vivir frustradas. Quería ser el Ave Fénix, para que mis propias lágrimas me curasen, y así poder renacer de mis cenizas. Pero por desgracia, debo comunicaros, que los milagros no existen, sin luchar no podemos optar a la gloria.
Después de tanto dolor, angustia, y demás, un buen día desperté barajando posibilidades, me sentía un crupier, repartiendo cartas que dirigían mi vida y controlando en cual se encontraba mi mayor apuesta.
Me convertí en una ludópata emocional, de no sentir nada a querer sentirlo todo. Empecé a escuchar ese "tic tac" en mi interior, me movía al mismo compás y dirección que aquellas agujas que anteriormente se clavaban en mí, anclándome en esa desesperación en bucle.
Las heridas empezaron a sanar y mis engranajes trasmitían la potencia necesaria para que mis mecanismos trabajaran a la perfección.
¿El problema? Toda máquina que no es cuidada y permanece apagada, tiende a fallar, supongo que a las personas les pasa lo mismo. Y el bucle apareció de nuevo.

                                                                                                    Paola.

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