Suele decirse, y está más o menos aceptado por todo el mundo, que el Ser Humano es malo por naturaleza. O cuando menos, que es egoísta. Y el concepto suele repetirse de tanto en tanto, ya sea académicamente, como en los medios. Pero hay algo que me molesta en ese concepto de “maldad natural” del Ser Humano, y especialmente en la repetición del mismo. Algo que me parece nocivo.
Y es algo que va más allá de si acepto esa concepción o no. No pretendo discutir eso aquí, y mucho menos ahora. Lo que me molesta del concepto, y fundamentalmente de su repetición casi al punto de transformarlo en mensaje subliminal, son las implicaciones autojustificatorias a nivel colectivo que inconscientemente se implantan en nuestros cerebros a través de él.
Siendo así, como el Ser Humano es malo por naturaleza, las desigualdades sociales son justificables. Están los malos que ganan y los malos que pierden, y nadie puede sentir lástima por un ser malvado en la miseria; al menos no a priori, al menos no si así se quiere.
Peor aún, si esos que están necesitados son malos, ¿para qué ayudarlos? Igual se hacen fuertes con nuestra ayuda y luego lanzan su maldad sobre nosotros.
Y aún más peores que eso, más preocupantes, me resultan las implicaciones a largo plazo con respecto a todo lo demás de nuestro planeta. El hecho de que la Humanidad sea maligna parece ligarse al inevitable destino de que terminemos destruyendo a nuestro propio planeta.
No digo que conscientemente pensemos eso, ni que lo deseemos, ni que lo veamos con buenos ojos, sino que es algo que está en nuestro inconsciente colectivo. Es algo que no lo decimos, ni lo sentimos, pero que guía nuestro comportamiento en general.
La humanidad parece estar destinada a destruir la Tierra, depredándola hasta que no quede nada. Parecemos estar atados a un destino, manifiesto éste, y del cual no se puede escapar de ninguna forma: la Humanidad inevitablemente destruirá al mundo. Como si el Ser Humano, el más individualista de los seres, no se comportara diferente de un gas cualquiera. Y así como una molécula de gas tiene un comportamiento impredecible pero todo el conjunto de moléculas tiene un comportamiento no sólo predecible sino fácilmente calculable a través de sencillos algoritmos; el Ser Humano parece ser individualmente impredecible, pero el conjunto de la Humanidad tan predecible como el gas.
Así que si nos dicen que viviendo como vivimos contaminaremos toda el agua, destruiremos toda la capa de ozono, extinguiremos a los elefantes y los rinocerontes, depredaremos los bosques y selvas y esterilizaremos las tierras fértiles, ¿qué más da? Si no pasa hoy, pasará dentro de un tiempo, porque ese es el destino del Ser Humano, malo por naturaleza.
Por eso creo que, independientemente de la antigua discusión de si somos malos o buenos o ambas cosas (o muchas otras cosas más) por naturaleza, lo importante es preguntarnos: “¿y qué?”. ¿Somos malos y ya está, o somos malos, hagamos algo?
Para ser una especie que a cada conclusión que sacamos en base a una observación, buscamos cómo modificar la situación; creo que la respuesta debería estar en nuestra propia naturaleza.