Hoy reflexionando los últimos momentos vividos, me doy cuenta
que, las personas somos muy irónicas. Ya sea apropósito y otras inconscientemente,
actuamos irónicamente en mayor o menor grado. Y solemos depositarla al mundo y
su gente. Por lo que, damos nuestro aprecio a quien nos odia, mentimos
abiertamente a quien nos fue sincero, nos arriesgamos cuando no habría que
hacerlo o damos ingratitud frente a la generosidad, etc. Incluso al revés, a veces.
Quizás nunca dejaremos de ser irónicos, ya que parece ser
parte de nosotros. He sido irónico alguna vez y creo que, si queremos evitar
que la ironías se vuelvan cosa dominante en uno mismo, debemos empezar a reconocerlas
y revertir lo más pronto posible dicha situación. Está claro que nuestra ironía nunca
se ira, pero, debemos mostrarle quién manda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario